"Sientes que eres el primer ser humano en llegar tan lejos": el dueño del centro de la tierra

"Sientes que eres el primer ser humano en llegar tan lejos": el dueño del centro de la tierra

Sergio García-Dils ostenta los récords de expedición en profundidad. Ha recorrido todo el planeta hasta encontrar las simas más profundas en el Cáucaso occidental y numerosos hallazgos científicos. Aunque su trabajo es parte de la carrera espacial, en España la espeleología es considerada aún solo como deporte

Vivimos en un planeta ultraobservado. Desde el espacio exterior, la superficie terrestre es vigilada continuamente por alrededor de 5.000 satélites, y esa cantidad de satélites crece exponencialmente. La tecnología permite detectar una pieza de metal de 6 metros en medio del océano, medir la clorofila de las cosechas, la acidez del suelo y, por supuesto, dónde estamos nosotros y nuestro Smartphone...

Pero hay algo que aún escapa al control del hombre y su tecnología, algo indómito que espera a ser descubierto. Para hacerlo hay que escarbar en el interior del planeta, viajar al centro de la Tierra. Un sevillano está abriendo el camino.

"Lo que yo hago es exploración geográfica pura, al más puro estilo de los exploradores del siglo XIX, antes de que existieran satélites o incluso aviones", nos cuenta Sergio García-Dils, arqueólogo, premio de la Sociedad Geográfica Española y, sobre todo, espeleólogo.

Es el hombre que más profundo ha estado en el planeta, batiendo su propio récord hasta en 4 ocasiones. Aunque este sevillano sintió la llamada de las profundidades desde que era niño y se inició con su padre a los 7 años, "la precaria situación en España" le ha hecho conformar equipo, el Cavex Team, con compañeros rusos, "somos herederos de la tradición soviética de espeleología".

Suya es la responsabilidad de que el campo de gravedad de la espeleología, que hasta hace poco orbitaba en torno a los Alpes europeos, se haya trasladado al Cáucaso, donde han descubierto las simas más profundas del planeta. El récord actual es de 2.200 metros en la cueva Krúbera-Voronya , en el macizo Arabika de la República de Abjasia, a solo 14 kilómetros del Mar Negro.

La conexión de las cuevas –que funcionan como un gigantesco alcantarillado natural– con el Mar Negro y los materiales del suelo, permiten que el mundo de la espeleología haya dando un paso de gigante. El récord histórico de la disciplina lo marcaban los 1.600 metros alcanzados en la cueva de Jean Bernard, en los Alpes. "Hasta llegar a eso se avanzaba metro a metro, pero cuando en 2004 pasamos de golpe la barrera de los 2.000, rompimos los límites, nadie creía que se podía llegar tan profundo", cuenta un entusiasmado Sergio.

Viaje del centro de la tierra

Pero alcanzar estas cifras es puro sacrificio. ¿Cómo es la vida a dos kilómetros bajo la superficie terrestre? preguntamos. Sergio García-Dils describe un mundo marcado por la "estrechez", "humedad, siempre mojado", "barro", "temperaturas bajísimas", "riesgo de desprendimiento", "oscuridad", pero en su relato suena como un lugar confortable.

Nos preguntamos por qué alguien querría pasar gran parte de su vida excavando el interior de simas desconocidas que, "en gran proporción, acaban en nada, en un mero tapón de barro", confiesa. La explicación está en esa vieja ambición del ser humano, el sueño de conquistar y conocer. "Básicamente descubres sitios asombrosos, y tú eres el primer ser humano en pisarlos", claro, García-Dils consigue –por sus propios medios–, sentirse como un Yuri Gagarin o un Neil Armstrong, no es poca cosa.

Sergio detalla que su equipo y él trabajan acordes a la tradición soviética. Tienen acuerdos de colaboración con la Sociedad Geográfica Rusa (RGO) y la Universidad Interestatal de Moscú (MGU).

"Tenemos una estrategia diferente. Cuando bajamos al interior formamos un campamento base en el subsuelo, en una zona amplia y hasta allí llevamos el máximo equipamiento posible. La idea es no tener que desgastarnos entrando y saliendo a la superficie como le pasa a otros equipos, que hacen expediciones mucho más cortas".

Como resultado, Sergio ha llegado a estar un mes en el interior de una sima, "¡y tengo compañeros rusos que han estado hasta dos meses!".

Ante esta situación se nos hace inevitable preguntarle qué tal le ha ido el confinamiento de la pandemia, "¡no ha sido nada! –bromea– cuando te pasas semanas sin ver la luz, en una cueva encerrado con unos pocos compañeros aprendes a relativizar y a sacar solo lo positivo y el humor".

Eso sí, un mes en una cueva oscura e incomunicado, tiene sus implicaciones, los espeleólogos están como peces en el agua enfrascados en su sima, pero ¿qué hay de sus familias?, "pues precisamente por eso he acabado llevándome a la familia a la aventura. Mi mujer se queda en el campamento base de la superficie y a mi hija la llevé a una sima con 5 meses, para que conociera el interior de nuestro planeta".

Otro de los acompañantes más populares que Sergio introdujo en la sima del Cáucaso fue el aventurero español Jesús Calleja, en la grabación de uno de sus programas que trascendió por la lluvia torrencial que les sorprendió. La expedición estuvo a punto de malograrse por la inundación del acuífero.

Explorar el interior para proyectarse el exterior

No es que vayamos hablar de autoayuda ahora, es que el desarrollo de la espeleología tiene mucho que ver con la conquista del espacio exterior. Durante la Guerra Fría y la carrera espacial, hubo una carrera paralela hacia el interior de la tierra, detalla Sergio. "Al principio de los 90, ya en la última etapa de la Unión Soviética yo estudiaba en Moscú la expansión griega en el Mar Negro", desde ese momento entró en contacto con la carrera hacia las profundidades. "Competíamos con un equipo norteamericano que trabajaba en Méjico, básicamente nuestro trabajo estaba muy vinculado a la carrera espacial".

Las condiciones de vida de los espeleólogos han servido de entrenamiento para los viajeros espaciales, "desde los 70, la NASA y la Unión Soviética estudiaban las consecuencias del aislamiento en individuos a través de los espeleólogos". A día de hoy, la Agencia Espacial Europea sostiene un programa de entrenamiento de los propios astronautas en cuevas rocosas de Cerdeña.

Pero más allá de las ambiciones espaciales, el trabajo de los espeleólogos tiene otras aportaciones mucho más terrenales. Su trabajo es partir de una cota 0, "no nos sirven cuevas ya exploradas, empezamos buscando un socavón en la superficie", y por lo tanto, es esencial para comprender el comportamiento hidrológico de las profundidades, "viendo cómo influye el agua y otros factores con nuestros propios ojos".

También aportan un gran saber–hacer a la minería y a nivel científico, han alumbrado al mundo ecosistemas completos que habitan a 2.000 metros de profundidad, "se daba por hecho que no podía existir vida, pero hemos dado con diez nuevas especies, una población cavernícola de extremófilos que vive sin luz, en humedad superlativa y a muy bajas temperaturas". De hecho, sus aportaciones con este tipo de vida en condiciones extremas son base del estudio de posibles modos de vida en Marte o la Luna.

A medio camino entre la ciencia y el deporte

"Nuestro problema es que somos muy científicos para ser deportistas y demasiado atléticos y arriesgados para ser científicos", suspira.

La espeleología es una disciplina incomprendida y ninguneada en España. En otros países está vertebrada desde las sociedades científicas y geográficas, pero no en España, aunque García-Dils va ensanchando, como lo hace a través de las oscuras simas, ese camino.

"En nuestro equipo todos tenemos una vida profesional, y luego tenemos esta vocación que se nos lleva el dinero, no es un deporte barato, aunque tratamos de contar con patrocinadores". Pero a veces, el precio a pagar es demasiado alto. La conversación ensombrece cuando García-Dils evoca el fallecimiento de su compañero Pável Demidov en agosto de 2020.

"El riesgo existe, pero es inevitable", recalca Sergio, que recuerda que hoy por hoy, esta disciplina es la única en la que, a diferencia de la exploración espacial, aérea o submarina, "a pesar de toda la tecnología con la que podamos contar", la presencia del hombre es insustituible.

Y así lo seguirá siendo, el Cavex Team está inmerso un ambicioso proyecto que les lleva ahora a la Cordillera del Tauro en Turquía, donde según sus previsiones, podrían encontrar la "potencial sima más profunda, calculamos unos 2.700 metros", después de todo, a pesar de Goolge Earth el 5G y todos sus metadatos, el planeta tierra sigue ofreciendo retos para el saber y la aventura. 

Con información de Sputniknews.com 

Estefania Lisi

Journalist and heavy social media user. Fan of Series and Movies, Fashion, Celebrities and Lifestyle+ info

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